¿Por qué mentimos? ¿Por qué nos mentimos?

Escuchamos mucho decir eso de “una mentira piadosa”. Es como si mentir para el ser humano fuera incluso algo positivo. En algunos trabajos y situaciones, mentir incluso es deseable, y puede llegar a salvarnos la vida. Pero no porque una aspirina sea buena, nos tomamos treinta a la vez, ¿verdad? Con las mentiras sucede algo parecido…

¿Qué sucede cuando, por necesidades de la vida, tenemos que recurrir a la mentira? ¿Por qué se dice que la gente que miente, acaba creyéndose sus propias mentiras? Esto tiene una explicación científica, y es por la disonancia cognitiva que se produce en nuestro cerebro. Nosotros puede que no queramos mentir, así que el cerebro segrega un bálsamo en forma de auto-convencimiento, que nos dice que en realidad lo que vamos a decir es cierto. Y, como por arte de magia, acabamos creyéndonos lo que estamos diciendo. A veces hay ciertos productos complicados de vender y el profesional encargado de hacerlo, acaba viéndolos como el producto estrella del año, con lo cual el argumentario de venta resulta más creíble.

Como podéis ver, mentimos porque funciona. Obtenemos beneficios de ello, y el ser humano suele moverse por recompensas obtenidas: si haciendo algo, obtienes una recompensa, tenderás en un futuro a repetir esa acción para volver a ser recompensado.

Cuando una persona no está acostumbrada a mentir, hay diferentes mecanismos para detectar en él la mentira. Pero no siempre sucede, y corremos el riesgo de que nos pillen. Entonces, ¿qué hacer?

Por supuesto, no es aconsejable mentir, a no ser que sea absolutamente necesario. Correr el riesgo de que la gente que te importe, tenga un mal concepto de ti, no compensa. Sí, pueden sentirse orgullosos por tus ficticios logros durante una temporada, pero, ¿y si se enteran de que todo es mentira?

Ahora viene lo complicado: ¿cómo conseguir dejar de mentir? Cuando tenemos ese hábito demasiado generalizado, a veces no nos damos ni cuenta de que estamos mintiendo. Reforzar nuestra autoestima, ser más empáticos con los que nos rodean, practicar la asertividad para poder decir lo que queremos sin necesidad de mentir… son sólo algunos ejemplos de lo que podemos hacer para evitar que nuestras mentiras acaben dominando nuestra vida.

Porque si eso sucede, acabaremos creyendo que vivimos una vida que no es la nuestra. Y cuando algún día nos demos cuenta de esto, no será agradable la vuelta a nuestra realidad.

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